La fisis es esto: tsunamis y cerezos en flor

El 11 de marzo de 2011 un terremoto y el tsunami que le siguió destruyeron buena parte de la costa oriental japonesa. Aunque hoy en día lo que más se recuerda de aquella tragedia fue el accidente que produjo en la central nuclear de Fukushima debemos tener presente que murieron unas 20.000 personas (número elevadísimo teniendo en cuenta lo bien preparado que está el país para estas desgracias) y que fueron borrados del mapa muchos pueblos que ha habido que reconstruir. Y es que el pueblo japonés está acostumbrado a estas tragedias. Hace tiempo escribí algo en este mismo lugar sobre cómo impresionó a la Europa ilustrada el inesperado terremoto de Lisboa. En el país oriental, sin embargo, los sufren habitualmente y de hecho en 1923 se produjo uno de los más mortíferos y destructivos de toda la historia humana, el Gran Terremoto de Kanto, en el que murieron justo el doble de personas (unas 140.000) que las que se calcula que perecieron en el de Lisboa.

A pesar de que todos los japoneses han sentido alguna vez temblar la tierra bajo sus pies y de que conocen perfectamente que su historia está llena de desgracias naturales, como podemos ver en El tsunami y los cerezos en flor, breve documental del que hoy hablamos, es imposible evitar el espanto y la desolación que provoca vivir en directo un evento de este tipo. Sin embargo, la magia de este documental es que está grabado justo un mes después del suceso, cuando en la zona cercana a Fukushima llega el sakura, que es como los japoneses llaman al florecimiento de los cerezos. Como se puede ver en el documental, esta fiesta es lo más parecido a la navidad que hay por allí. Son unos días de alegría y renacimiento en los que la belleza de los árboles floridos reconecta a los nipones con su naturaleza, sus tradiciones y algunas ideas y emociones muy suyas, que nosotros no manejamos en occidente.

Una de esas ideas o conceptos el el mono te aware, que es imposible de traducir, pero sería algo así como “tener conciencia de lo fugaz”, o “comprender la permanencia de lo que cambia”, o “asumir que somos temporales”. Es un concepto muy importante para ellos pero extraño para nosotros. Te animo a que investigues sobre él por tu cuenta. El caso es que en el fondo del sakura está esa idea, la de que debemos admirar y reverenciar a esos árboles que nos superan en tiempo y sabiduría y que, sin embargo, son hermosos solo unos días al año. El ritmo de floración está perfectamente pautado. Aunque breve, es seguro y tiene unas fases -¡10 distinguen los nipones!- que, como se repiten y se corresponden con lo que necesariamente es un cerezo, podemos disfrutar y aprovechar. Un tsunami, por el contrario, es algo inesperado, irregular, incontrolable. La magia de este documental es que, por el momento y el lugar en que se ha grabado, tenemos frente a frente esas dos formas de vivir la relación con la naturaleza que tiene el pueblo del Sol Naciente. Respeto y conocimiento por un lado (cerezos) y miedo y desconcierto por otro (tsunami).

Cuando a principio de curso se empieza a ver cómo y por qué surgió la filosofía -en occidente al menos- siempre hablamos de la fisis, y lo decimos así, con la palabra griega, porque no se refiere simplemente a la naturaleza -palabra que la traduce- sino a algo más profundo y complejo. La fisis es toda la realidad que no hemos hecho las personas, todo lo que no es cultura, y es a la vez cíclica e impredecible, como los cerezos y los tsunamis. Por este motivo los primeros pensadores que quisieron ir más allá de los viejos mitos y explicaciones sin fundamento de la tradición se propusieron buscar qué hay de fiable, de racional, de pautado y comprensible en la fisis. Sería algo así como aspirar a convertir todo lo que es tsunami, es decir, lo impredecible, lo incontrolable, en cerezo que entendemos y del que podemos servirnos para disfrutar de su fruto y de su belleza. Lamentablemente hoy en día entendemos la naturaleza de una forma muy distinta. Para nosotros es un lugar, o un espacio, al que va uno a relajarse o del que se obtienen recursos. No nos parece más que una extensión exterior de nuestra casa en la que puede uno pasear, darse un chapuzón y mancharse los pantalones si no anda con cuidado. Hemos creado además naturalezas paralelas (monocultivos intensivos, macrogranjas…) en las que no queda nada que admirar, porque son un producto más de ingeniería como los motores y las apps, y nada fascina más en ella que los beneficios económicos que deja.

Unos años después de todo esto un tsunami invisible pero más terrible aún ha azotado el mundo entero. Me refiero por supuesto a la covid 19. Te invito a reflexionar, por unos minutos, en cómo te afectó su llegada, cuando nos confinaron, a tus pensamientos y emociones: ¿sentiste impotencia? ¿comprendías lo que ocurría? ¿cuándo hemos podido empezar a controlar las consecuencias de la pandemia? Ahora el maldito coronavirus… ¿se parece más a un cerezo o a un tsunami? Piensa en ello.

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